Mi poesía y mi pintura tienen dos puntos en común: la búsqueda del misterio a través de todas mis vivencias, y la plasmación de los amados paisajes y sus personajes. En la una, suenan como voces lejanas que hablan y recuerdan cosas y heredades perdidas; en la otra están, presentes, destejidos sus huesos por los aromas...
Romilio Ribero, Córdoba, 1974
Romilio Ribero, Córdoba, 1974
Datos personales
miércoles, 16 de marzo de 2011
miércoles, 23 de febrero de 2011
El libro de viaje de los varones prudentes - 1959
La mujer del delirio
He paseado con mi padre y mi madre
por todos los prostíbulos del mundo.
Mi madre con sus senos catedrálicos, vestida de negro
y mi padre con su abanico de tempestad
y su chaleco deslumbrante ceñido a su espantosa sotana.
Han sido muchos años de búsqueda.
Querían para mí la mujer de delirio,
la que devora relámpagos en su sexo infernal
y que con su resplandor sagrado
enceguece el dormitorio de los frutos prohibidos.
Mi padre opinaba
que era preferible una virginidad estremecedora
a que cualquier mujer cohabitara conmigo
entrégandome el paraíso de su vértigo.
Por eso, exigía de esa dama
un conocimiento exacto del cinturón de castidad,
la sabiduría del manejo de la cópula
y otros menesteres como lapidación y locura.
Mi madre, por el contrario
habituada a sus ritos conyugales,
consideraba sagrado de mi sexo,
y por lo tanto soñaba con una dondella
exactamente igual a la que encontró a Moisés en las
aguas.
Días y años, de país en país,
solicitaban turnos en las casas prohibidas,
y mujeres jóvenes y viejas,
vírgenes e infecundas,
mostraban sus negrísimass clepsidras ente mi desnudez.
Eran examinadas por mis progenitores,
se desvestían ante espejos vociferantes
y mostraban sus cualidades de amor.
Sus extrañas poses fatales,
sus trances y sus espasmos
sobre lechos del crimen, del pavor, del júbilo,
y de las revelaciones.
En sus cuerpos había extrañas inscripciones rituales
heridas y mordeduras
y en sus pieles acerbas y terribles, recuerdos de miles
de manos
que han partido de viaje hacia el olvido o la muerte.
Y de sus labios se desprendían vocablos oscuros,
comprensibles únicamente en los países del asco.
Algunas portaban en sus senos
guirnaldas de fuegos misteriosos y al principio o al final
de la jornada, siempre alguna de ellas, moría por mí,
en una comedia desagradable y estúpida.
De esta manera, he envejecido junto a mis adorables
padres.
Todas las noches, hay una extraña luna en mi aposento.
Una luna inmortal y atávica que sonríe como una
advertencia.
Y mi madre sigue con sus muertas historias
y sus pruebas de magia.
Y mi padre examinando su traición.
Libro de oscuras dinastías - 1959
EL ADOLESCENTE DE LAS PIEDRAS
HAY UN PÁLIDO OLOR A PÁJARO
en las cavernas de Altamira
hay una tierra en cada párpado
y un crepúsculo en cada uva.
Hay un niño que escribe cantando
con los bisontes de las aguas
y una mujer que se duerme en el liquen
como se duerme la azucena
entre las fétidas cornadas.
Hay en fin un guerrero muerto
atravesado por tres astros
que gobiernan a la Holandera
la que teje cuerpos de flores
y corta con sus dedos la tiniebla.
Hay no sé cuántas cosas raras
cuando el mundo de terciopelo
abre sus toros de fragantes dientes
y los cuerpos ansiosos de deseo
ofrecen sus cinturas a las muertas magnolias.
De tal manera entiendo
lo que el monarca ordena con las pestes
que siempre estará un cuerpo
ardentísimo eterno melancólico
dormido entre las sábanas del fuego.
Las otras mujeres - 1961
LA INDESCRIPTIBLE
De las diez mujeres del fuego
de las diez mujeres del viento
esta es la indescriptible.
Esta es la musical la prodigiosa la paciente de la celeste sal
la que tenía un buey corazón de paloma la que hacia girar
sus grandes manos hacia los arrabales de los sacrificados
(Cierta noche las aguas del mundo dejaron de caer sobre
los grandes mares sobre los grandes bosques y ciertos
animales de la magia aullaron sobre el mundo según un
plan de los arrodillados, cierta noche las tribus del desierto
contaminadas por las azucenas dejaron de crecer con sus
besos sombríos y entre grandes ciudades del fuego y de las
razas afirmaron su edad.)
De las diez mujeres que bebieron el fuego esta es la
indescriptible.
-y desde aquella noche los rollos de poética trajeron nuevos
cantos para ser repetidos en misteriosos pueblos nacidos
bajo un ídolo a la orilla del mar que señalan ciudades
esponjosas ácidas solitarias ciudades que en la aurora dejan
su nombre escrito en las últimas aves y emigran como el
alma hacia verdes tormentas-.
De las diez mujeres que comieron del ardiente polen
esta es la indescriptible.
Las mujeres, Las magias
TODA COSTUMBRE ES UN JUEGO
HAY JARDINES DONDE SE DESPIERTA LA DEGOLLADA,
jardines donde el viejo poeta labra en el árbol de su
fantasía;
y está rodeado por los caballeros que traen los huesos de
su madre.
Hay jardines que desembocan en la caverna del oro
y allí se despiertan los minerales
para ser venerados por el hijo de la Creación.
Hay jardines que se despiertan y se duermen
y otros con el fétido viento del cadáver de una serpiente,
donde el viejo poeta, canta, toda costumbre es un juego.
Toda comida se repite.
martes, 22 de febrero de 2011
Libro de Bodas, Plantas y Amuletos - 1963
Los perros de las piedras,
las urracas que nacen en los viajes del sol hacia países
tórridos,
las víboras que el hombre engendra en su perfume con la
primera noche del hechizo,
las fogatas, la yesca del cabello,
los huevos de la iguana sobre tibias magnolias,
las pulseras de bronce y de caireles que te ciñen las
manos,
ese tocado extraño con plumas de gigantes serpentarias,
lo agresivo del hierro en cadenas que rompen tus rodillas,
son talismanes raros y fatídicos
que saben de la ausencia en la memoria,
y que arden en sí mismo
para enseñarte cosas y bienes del deseo y la lujuria.
Antes de regresar, consulta el libro de las tejedoras,
impregnado de lluvias.
Si la luna ya quema la sal celeste de la menstruadora,
y la amapola crece nuevamente entre orfebres del oro,
y las mujeres traen las cargas de retamas olorosas para el
fuego del pan,
entonces tu retorno
serán celebraciones en tratados de amigos,
y no tendrás espanto al lecho del conjuro o del incesto,
ni a mugientes ciudades con altos mataderos y hospitales
inciertos que abren a medianoche.
Ni a cenos de rameras que caen desbordados con perfumada
escama cerca de los asilos y las tumbas.
Traza sobre tu pecho el signo del placer y de las bodas.
Tuya es la eternidad con su insaciable túnica y sus ardientes
labios.
- Así dice el cronista del mar con amuletos, a la raza
reciente que ignora sus augurios.
Las pálidas esmeraldas - 1963
Extraños Comerciantes
Conozco comerciantes de corazones de insectos
y de escapularios
Y también comerciantes de monjas
engañadores de truenos
y carbonizadores de altares adorables
He recibido invitaciones secretas de los comerciantes fúnebres
y de los comerciantes de arpas ceremoniales
pero el miedo me ha impedido asistir a sus asambleas
probablemente celebradas en cementerios mágicos
en islas sumergidas
en barrios habitados por damas peligrosas engendradoras de ratas
Todos ellos funestos
algunos golpean mis puertas y tratan de venderme
piernas roídas por la tempestad del páramo
santos de madera con los puños alzados para el crimen
espectros de guerreros extenuados
y señoritas degolladas e intratables
Son fanáticos de sus propiedades
y a sus coversaciones las matizan
con historias de accidentados embalsamadores
con suicidios
prisiones
desapariciones
o relatos de casas disecadas bajo el león del desierto
con escaleras en forma de tormenta
con barriles rechinantes de vientos
y tótems deslumbrantes
dóciles a las siervas
vestidos con el fulgor de la cuaresma
Y de sus manos surgen terciopelos flamencos
manuscritos jurídicos de reyes olvidados
confesiones de un hedonista
aguafuertes de paisajes convencionales
poemas de adolescentes desgraciados
y gargantas de mujeres aburridas exquisítamente bordadas de ágata
Lámparas para el sombrío resplandor de la reina
y túnicas robadas de las mansiones de los tigres
Yo nada puedo comprarles porque me es imposible
Aún no he reunido el oro necesario para pagar mi cuota de estadía
en el fuego.
Libro de las hechiceras y los matrimonios - 1964
CUANDO HABLO DE LAS HECHICERAS
Es más bello que el espiritista de la espuma, es más
melancólico que ciudades sin fuego nimemoria donde
yacen amantes del diluvio.
Es más certero que el sangriento hierro que entrelaza serpientes
degolladas para hechizar a todos los testigos.
Es más cierto que estar sin las honras del viento entre amenazadoras
estirpes de lso libros, entre las jerarquías de las mujeres-flores
y las mujeres-lechos.
Es más exacto que hablar del agua conjurada que no vuelve del
cielo por catorce veranos y que oye desprenderse en su
ardoroso vientre los hijos de las lianas como los astros
crueles del gemido.
Es más flagrante que confiarse a unos labios de las vegetaciones
que retuercen el trópico con las aves carnívoras y los
negros corales del perfume.
¡Mundos, mundos abiertos para mí, allá donde encontré las
cabelleras de los inextinguibles príncipes del desierto!
Y todo igual al desolado aeda que gira desvestido de fragancias
hasta que escuche cómo el viento de oro devora sus imperios!
Presentación de mi Familia - 1965

Manifiesto en favor de mi tía Eulalia
Para los otros la locura del Marqués de Sade
y las mil puertas del prostíbulo a un mismo tiempo girando
hasta pulverizarde.
Para esos el polen de los ritos del fuego,
y la ignorancia de los conjuros y sortilegios para hacerse
invisible.
Para mí, los almohadones pintados de mi tía Eulalia!
Para los otros la bomba de nitrógeno
y el descubrimiento de las civilizaciones micénicas
y las tablillas con el secreto de los toros.
Para ellos, los peligros del mar y las praderas del delirio.
Para mí, el arte insuperable de los almohadones pintados
por la tía Eulalia!
Para los otros el derrumbe de Anatolia,
y los malechores con máscaras de flores y faroles de musgos,
y los rincones del duelo, el infierno y la vergüenza
de saberse perseguidos por los espiritus del fuego,
para mí, la sabiduría y el arte de los viudos
en los conmovidos colores de los elefantes pintados por mi tía
Eulalia.
Que otros entiendan a los alquimistas y constructores de
catedrales, que otros tengan minas de diamantes,
que otros vistan túnicas de zafiros y usen perfume viril a media
noche,
que a mí me dejen cantar a la belleza
de la domesticadora de tigres,
que ha pintado mi tía Eulalia en los almohadones de mi lecho.
¡Que viva la tía Eulalia y sus genialidades,
que viva tía Eulalia y su arte exquisito!
Para los otros la locura del Marqués de Sade
y las mil puertas del prostíbulo a un mismo tiempo girando
hasta pulverizarde.
Para esos el polen de los ritos del fuego,
y la ignorancia de los conjuros y sortilegios para hacerse
invisible.
Para mí, los almohadones pintados de mi tía Eulalia!
Para los otros la bomba de nitrógeno
y el descubrimiento de las civilizaciones micénicas
y las tablillas con el secreto de los toros.
Para ellos, los peligros del mar y las praderas del delirio.
Para mí, el arte insuperable de los almohadones pintados
por la tía Eulalia!
Para los otros el derrumbe de Anatolia,
y los malechores con máscaras de flores y faroles de musgos,
y los rincones del duelo, el infierno y la vergüenza
de saberse perseguidos por los espiritus del fuego,
para mí, la sabiduría y el arte de los viudos
en los conmovidos colores de los elefantes pintados por mi tía
Eulalia.
Que otros entiendan a los alquimistas y constructores de
catedrales, que otros tengan minas de diamantes,
que otros vistan túnicas de zafiros y usen perfume viril a media
noche,
que a mí me dejen cantar a la belleza
de la domesticadora de tigres,
que ha pintado mi tía Eulalia en los almohadones de mi lecho.
¡Que viva la tía Eulalia y sus genialidades,
que viva tía Eulalia y su arte exquisito!
Libro del lejanísimo día - 1969
Los infiernos
VI COMO NACÍA LA NOCHE EN LA LLANURA ENTRE PACIENTES
lluvias, desoladoramente vestidas de
signos de la desesperanza.
Vi también a las lluvias cansadas dispersar manos, insectos,
alrededor de la desterrada, y morir en el lado del diluvio.
También sé que nadie iba a volver de las últimas muertes, ni
responder su voz a las hiedras
sedientas del verano.
Pero yo hablo de amantes que se hundieron en su
alucinamiento por extraños países
con las carnes mojadas y postrados sus cuerpos en el último
resplandor.
Y condenados a desintegrarse, a olvidarse del celeste espíritu
que embalsama las cosas.
Quien mira las estampas del infierno que guardaba la abuela,
piensa:
Aqui están y tenían un cuerpo de dos mil años y unas manos
de otra raza.
Y dicen: en este lugar hay siniestras criaturas que no fueron
bautizadas,
y también mujeres con el vientre roído por las flores.
Y otros: aquí descenderemos para quemarnos y clamar
eternamente.
Y así lo evoco a ese infierno, cantando por tres noches una
inmortal bienaventuranza.
De una madre escuché: hasta el día del juicio, extraerán de tu
cuerpo la sangre
y quemarán tus uñas y tus visceras darán de aliemento a los
pájaros.
Y de un anciano que, postrado veía regresar las bandadas que
indicaba el lugar
donde se guarda la luna: "te coronarán allí de insectos y tus
huesos se empaparán de otras aguas".
Pero yo hablo de cuerpos que se olvidaron de los ministerios
celestes y de los martirios;
de rostros que llevaban el origen de la corrupción y
de mujeres que se desvestían en la llanura para danzar en
extrañas bodas animales.
Y que fueron condenadas, sin compadecimientos, a quemarse
entre peces voladotres,
en el centro mismo de tan milenaria ciudad.
Y debajo de la gran estampa que guardaba la abuela, había
palma para quemarse, y un rosario para invocar en la época
del granizo,
y una rosa disecada
que perteneció al primer nacimiento.
Y también existían para testimonio, los hombres que habían
quebrado los cielos
y apestaron los lechos y las órdenes celestes no obedecieron.
Y larvas que fatigaban a los desnudos derramados, sin sexos,
sin senos, sin rostros;
apiladas manos humeantes y detrás de tan absurda creación
un fuego eterno, alimentando océanos de orejas y ojos,
en un laberinto de donde nadie podía escapar.
El paraíso destronado - 1960
En tierra del diluvio destruída
por estaciones de su activa esencia.
Era tan solo la ilusión de un Día.
El signo de Su Espejo. O Su Presencia.
Era el descenso. Era la ascendencia.
Fuente que canta en la ignorancia vía.
No me veía pero me perdía
en su continua e inmortal Creencia.
¿Cuál es mi Yo? maduro en la sagrada
matriz. En la armonía de la Nada.
Soy un período en mi verdad. Me apresa
lo no visible, en su Sabiduría:
soy Leonardo, Beethoven, soy un Día
de alguien, revelador de la Belleza.
domingo, 20 de febrero de 2011
Todo fénix es la mirada
Poema libro del derrumbe de la sombra
Agua ciega y derrumbe de mi sombra
en sanguinarias flores de mi estirpe.
Estoy solo mi amor.
¡Ay, elevado fuego de mi alucinamiento!,
¡ay, rama de mis láminas de lágrimas!
Estoy solo mi amor.
Aunque en la sombra fría lo pregonan
consumadas personas que presentan
ramos del alma, arenas con tu nombre
Imago Mundi - 1971
IMAGO MUNDI
IMAGINADO REINO
del pavor, la locura y la muerte
gobernado por el Cero Infinito.
¿Qué equilibrado perfume
sostiene esta mirada en el fuego?
¿Qué dulce palabra nos convoca
para ser el escuchado?
¿En cuál tormenta huirá la noche
hacia la concenación
o la salvación?
Mundo de lo extraño
y lo destruído
para ser salvados.
viernes, 18 de febrero de 2011
miércoles, 16 de febrero de 2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








